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lunes, 8 de junio de 2015

¡Ahí va Fidel!

Fidel Castro en Nueva York
Sobre los hombros de mi padre casi puedo tocar las nubes. El cielo es más azul, o eso me parece, y soy feliz. No hay niña más plena que cuando él me lleva a caminar el pueblo, a mirar el mundo desde esa altura.
Cuando le pido: «Papi, móntame a caballito», pareciera que siempre tiene la montura sobre el cuello, que nunca está cansado, a pesar del duro trabajo en La Cantera. Pero mi padre tiene apenas 30 años y yo soy muy pequeña. Me paro frente a él y espero que sus manos me sostengan y me eleven, y sonrío.
Ese tránsito fugaz en el que por segundos atravieso el aire me provoca una sensación rara, que no puedo entender, pero disfruto. Arriba, acomodo los vuelos de la bata sobre su cabellera negrísima y me dispongo al asombro, a ver más de cerca el verde de los árboles, a juguetear con las cigarras… Si es de noche, a intentar atrapar cocuyos. Mi padre avanza con paso firme, me habla.
Hoy es un día claro y se ha cumplido el ritual. Voy en «mi caballito» y pregunto y me sostengo suavemente, aunque no hace falta, y me veo hermosa. Un pájaro de metal verde surca el cielo. El estruendo me asusta. Me aprieto fuerte a la cabeza de mi padre, me quiero bajar. El corazón me late como si se quisiera escapar de mí y él se ríe y me abraza.
Cuando siente que es el momento, me explica. Se saca del casco de técnico de nivel medio en explotación de yacimientos, graduado en la antigua Checoslovaquia, un escudo para que nunca más me asuste con ese ruido ensordecedor.
«Lo que viste es un helicóptero y ahí va Fidel. Va allá arriba mirando que todo esté en orden, cuidando de todo. Cada vez que veas un avión, no te asustes, salúdalo».
Todo vuelve a la calma. Regreso a las alturas en mi caballito. Vuelvo a sonreír y espero al próximo avión.

No hubo ni un solo objeto volador durante toda mi niñez en el que yo no viera a un gigante vestido de verde; hasta los grados de Comandante distinguía, estaba segura: era él. Mi padre me había dicho que Fidel iba en cada avión, pendiente de los problemas del pueblo y yo sabía que era cierto. Yo creo en mi padre.
Ya no me asustaba; después cada uno se convirtió en una fiesta total. Cuando aparecía alguno armaba tal alboroto, que una vez me gané un regaño leve. Solo quería que Fidel me viera desde el avión, así que daba brincos y gritaba todo lo alto que podía, una única frase: ¡Adiós, Fidel!, hasta que el cielo quedaba despejado.
Han pasado más de dos décadas. Cuando siento el ruido característico todavía tengo el impulso de decirle adiós a Fidel. Me contengo. A veces levanto los ojos y me parece verlo ahí, como en mi infancia, encaramado en un helicóptero…
Mi padre podía haber espantado el miedo de mil maneras, pero me regaló uno de los recuerdos más entrañables de mi niñez. Me gusta volver a sus hombros y desde esa altura jugar a tocar las nubes. Me gusta creer que, alguna de las tantas veces que agité mis manos, di saltos enormes y grité hasta quedarme sin voz, el Comandante vio, aunque fuera un puntico moviéndose insistentemente en la tierra; y él, un hombre sabio, seguro supo que era una niña feliz que le decía: ¡Adiós, Fidel!

De Nyliam Vázquez García

lunes, 18 de mayo de 2015

CELIA DE LA SERNA DE LA LLOSA (+ FOTOS)

(Buenos Aires. 21 de junio de 1906
Buenos Aires. 18 de mayo de 1965)

Celia no fue una madre cualquiera.
Al parir a Ernesto...Che Guevara para la prosteridad... se convirtió en la Madre de todos los que aspiramos a una sociedad con justicia y libertad, en la que podamos recordar con orgullo y fuerza los pensamientos de nuestro Comandante que nos siguen inspirando a buscar los cambios que beneficien a nuestros pueblos.

En 1965, Ernesto combatía en el Congo. Antes de cruzar el lago Tanganica, cuando se enteró de que su madre estaba  muy grave por el cáncer, escribió un texto muy poco conocido que muestra la intensidad de su relación:
"...Solo sé que tengo una necesidad física de que aparezca mi madre y yo recline mi cabeza en su regazo magro, y ella me diga «mi viejo» con una ternura seca y plena, y sentir en el pelo su mano desmañada, acariciándome a saltos, como un muñeco de cuerda, como si la ternura le saliera por los ojos y la voz porque los conductores rotos no la hacen llegar a las extremidades. Y las manos palpan más que acarician, pero la ternura resbala por fuera y las rodea y uno se siente tan bien, tan pequeñito y tan fuerte. No es necesario pedirle perdón; ella lo comprende todo, uno lo sabe cuando escucha ese «mi viejo»..."

Tomado de Marisa Quezada




jueves, 30 de abril de 2015

Por la suerte de vivir en esta Isla

La primera vez que desfilé un Primero de Mayo no tenía conciencia de la significación del momento. A los cuatro años de edad iba sobre los hombros de mi padre con una cinta en la cabeza que decía «¡Patria o muerte»! Guardo la foto, que sirvió de portada para la noticia del periódico Girón de mi provincia.
Primero de Mayo Cuba

Crecí, como muchos pioneros, entre banderas y consignas revolucionarias. Cuando ingresé en la Universidad de La Habana, en la carrera de Sociología, me alisté como el primero para el ómnibus que nos llevaría desde la beca hasta una de las arterias cercanas a Paseo, donde formamos un bloque compacto para transitar frente a la Plaza de la Revolución y el Martí vigilante desde la altura.
No había visto tantas personas reunidas, felices en una demostración de respeto y admiración al proceso cubano. Porque desfilar el Día de los Trabajadores en Cuba es una fiesta con efervescencia máxima; es celebración de derechos. A uno le late el corazón en el pecho como si fuera a estallarle, y pisa fuerte el pavimento para estremecerlo, y quisiera que el eco se expandiera por las venas de la tierra hasta los obreros del mundo que no pueden marchar porque no tienen voz ni tiempo.
En cinco años de universidad no falté al grito de «adelante». No me movía la inercia ni iba cargado de consignas frívolas. Era la oportunidad que me daba el país como estudiante, también, para no faltar a mi deber de patriota.
Tengo 26 años y no ejerzo la Sociología. Regresé a Matanzas, mi ciudad, para seguir aprendiendo a ser trovador, porque es lo que me apasiona. Soy miembro de una Asociación que defiende a los jóvenes artistas, pertenezco al catálogo de una empresa de músicos. Tengo un espacio sistemático para mostrar mi obra al público, mi primera producción fonográfica licenciada con una disquera y nominada en un festival, dos cancioneros y varias instituciones culturales que apoyan el desarrollo de mi carrera. Todo ello es resultado de la suerte que tengo de vivir en Cuba.
No hay que hablar de los que van contracorriente. A la burocracia, la trivialidad, la insensatez, la desidia y el irrespeto de algunos, los aplasta la bota gigante y pesada de la historia, que nunca perdona a los irresponsables.
Cada Primero de Mayo sigo en la marcha porque me energiza. Voy en cualquier bloque, al lado del primer trabajador que sepa honesto; que tenga las manos encallecidas y los ojos transparentes; que todos los días sienta amor por su bandera y así lo demuestren no sus palabras, sino sus actos.
Como es lógico, nunca más he visto aquella cinta que até en mi cabeza el Primero de Mayo de 1993; tantos años después, ya con plena conciencia, todavía encuentro un sitio donde colgarme la frase «Patria o muerte. Viva el Primero de Mayo».

Por Rey Montalvo.

miércoles, 29 de abril de 2015

El valor de las cosas.

 Cuantificar el valor de las cosas cuesta un trabajo infernal, vivimos confundidos por la sociedad de consumo, que solo aspira convencerte de comprar cualquier baratija.
El dinero llena los ojos a los más viles y cada día encuentro Judas por doquier, renegados o simplemente inconscientes que ponen por delante sus propios intereses.
Cuando la espiritualidad parece estar en Terapia Intensiva, aparece un amigo y vuelvo a cuestionarme conceptos.
Cuál es el valor de las cosas: Materiales o Inmateriales.
En el mercado las ofertas traen etiquetado su costo, no su valor. 
Me puede alguien decir el valor de:

Un gesto, una caricia, apoyo incondicional, o un reproche…

La Amistad.

jueves, 23 de abril de 2015

Manifiesto


Llamo a los que tienen junta con los hilos del agua,
Carilda Oliver Labra

a los que no se pertenecen,
a los libres.
Llamo a los que sufren el nombre de la estrella.
Colecciono sus vidas,
las aprieto,
las amalgamo en una sola furia
para relampaguear la tierra.

Miren que llueve,
que estamos solos contra una ciénaga incesante,
miren la pluma que cae,
miren esas manos ociosas,
este destino:
aciago
si no sostiene una tinta imponente.

Hagamos nuestra terrible guerra de palabras:
palabras importantes como himnos,
palabras,
palabras que se usen como espadas,
palabras seguras como ceibas,
dispuestas como pobres;
palabras,
palabras como los huesos de los mártires,
como el hambre de los inocentes.

Carilda Oliver Labra
1958

miércoles, 15 de abril de 2015

Salgamos de la Aldea



Hace años comprendí que la humanidad llegó a lo que hoy somos, porque los animales que nos antecedieron, fueron capaces de superarse por mucho…
El mundo en que nacieron obligaba a cambios drásticos y esenciales.
Hoy…es lo mismo, un desastre total…Cambiar las cosas es imponderable…
Mientras vemos seriales, novelas, películas o cualquier mierda…
Mueren los niños, o arrojamos bombas por la democracia, gastamos petróleo y acabamos con el planeta…

Lo Llevamos en el ADN…

Salgamos del pantano.

lunes, 6 de abril de 2015

Y mis sueños?...



Dicen que todo en la tierra está regido por elementos…

Después del final
Que existe un dios y que ocurren milagros cada cierto tiempo…
Dicen que existe el amor y la maldad y la bondad y la traición...
Que no estamos solos en el universo y nos observa alguna civilización muy desarrollada…
Dicen que se agota el petróleo y que habrá guerras por Agua….
Que hay fundamentalistas suicidas, locos o viciosos enfermos, genios sin razón…
Dicen que todo es matemático…tiene un precio…un valor




Y los sueños…Mis sueños...


                                    ¿Qué son?