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viernes, 4 de septiembre de 2015

Trova cubana con Rey Montalvo en intensa gira por Argentina (+ Video)



Rey Montalvo

En 15 ciudades de seis provincias argentinas actuó ya Rey Montalvo, trovador cubano que presenta su disco Lares y conversa al sur de América sobre Canto de Todos, proyecto que mediante el arte inteligente promueve la solidaridad, el respeto y la justicia.
   Después de participar en la VII edición de Nuestra voz para vos, gira coordinada por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau de La Habana y el Ministerio de Cultura del país austral, Montalvo continúa de gira donde no solo interpreta su música  sino que, además, dialoga sobre Cuba y su historia.
   Todavía faltan al menos dos provincias más, comentó el compositor, siempre el público es atento, esperando trova con gusto, y aparezco con mis canciones y me reciben como si fueran conocidas, y se acercan a que les firme y a enseñarme frases de mis letras que les gustaron.
   En Argentina se respeta mucho la trova cubana, sobre todo la obra de Silvio Rodríguez es muy querida y conocida, siempre hay expectativa por ver a un nuevo trovador, agregó Montalvo en declaraciones exclusivas vía internet.
   Entre las novedades próximas de la gira del joven también sociológo por el país natal de Ernesto Guevara, se incluye un concierto el venidero día 26, junto al dúo argentino Cadencia, y a la cubana Aurora de los Andes Feliú, en el Centro de Participación Comunal de Argüello, en Córdoba.
   Santa Fe, Corrientes, Santiago del Estero, Mendoza, Buenos Aires y Córdoba, son las provincias que acogieron ya a Rey en una veintena de actividades cuya aceptación y repercusión se constata en las redes sociales y medios de comunicación rioplatenses.
   El fonograma Lares, producido por Silvio Rodríguez y los Estudios Ojalá, y legitimado con el sello Colibrí, constituyó en el año 2014 uno de los nominados al Premio Cubadisco en la categoría de Trova, y saldrá al mercado próximamente.

Por Yenli Lemus Dominguez.

jueves, 27 de agosto de 2015

Dinero



Hace días me cuestiono, cuánto daño se hizo la humanidad cuando inventó el dinero.
Sería una necesidad histórica o casualidad del desarrollo social, cuánto daño se ha hecho por codicia y riquezas.
Hoy mismo, Ayer, El pasado año o siglo, en todas partes se destruyen tesoros invaluables, por dinero. Obviamos deberes supremos por el futuro




Y nos autodenominamos… Civilización.
Cuando debíamos desterrar...

El Egoísmo y La Codicia

martes, 28 de julio de 2015

Haces falta Yeyé


Haydee Santamaría con Silvio Rodríguez

Hoy el mundo vive agitado, victima todos del egoísmo de intereses mezquinos, manipulados y minimizados por los consorcios de todo tipo.  Y nuestras culturas reciben impactos totales, para anularlas e invalidarnos.
Haydee Santamaría… Yeyé…mujer de extraordinaria visión, cuando en momentos complejos, confusos, y de revolución, asumió, una vez más, un rol trascendental para su patria, casi siempre recordado por aquel día en que apresuradamente embarcó a Silvio Rodríguez en el Playa Girón, para protegerle de los excesos.
Hoy más que nunca, la trova y los trovadores deben ser protegidos, con ellos la cultura y no veo en medio de la tormenta a muchos involucrados, en serio, para proteger con ella nuestras raíces, la  cubanía.



Hacen falta muchas Yeyé… o como quieran llamarse.

A Cuba y al Mundo.

lunes, 8 de junio de 2015

¡Ahí va Fidel!

Fidel Castro en Nueva York
Sobre los hombros de mi padre casi puedo tocar las nubes. El cielo es más azul, o eso me parece, y soy feliz. No hay niña más plena que cuando él me lleva a caminar el pueblo, a mirar el mundo desde esa altura.
Cuando le pido: «Papi, móntame a caballito», pareciera que siempre tiene la montura sobre el cuello, que nunca está cansado, a pesar del duro trabajo en La Cantera. Pero mi padre tiene apenas 30 años y yo soy muy pequeña. Me paro frente a él y espero que sus manos me sostengan y me eleven, y sonrío.
Ese tránsito fugaz en el que por segundos atravieso el aire me provoca una sensación rara, que no puedo entender, pero disfruto. Arriba, acomodo los vuelos de la bata sobre su cabellera negrísima y me dispongo al asombro, a ver más de cerca el verde de los árboles, a juguetear con las cigarras… Si es de noche, a intentar atrapar cocuyos. Mi padre avanza con paso firme, me habla.
Hoy es un día claro y se ha cumplido el ritual. Voy en «mi caballito» y pregunto y me sostengo suavemente, aunque no hace falta, y me veo hermosa. Un pájaro de metal verde surca el cielo. El estruendo me asusta. Me aprieto fuerte a la cabeza de mi padre, me quiero bajar. El corazón me late como si se quisiera escapar de mí y él se ríe y me abraza.
Cuando siente que es el momento, me explica. Se saca del casco de técnico de nivel medio en explotación de yacimientos, graduado en la antigua Checoslovaquia, un escudo para que nunca más me asuste con ese ruido ensordecedor.
«Lo que viste es un helicóptero y ahí va Fidel. Va allá arriba mirando que todo esté en orden, cuidando de todo. Cada vez que veas un avión, no te asustes, salúdalo».
Todo vuelve a la calma. Regreso a las alturas en mi caballito. Vuelvo a sonreír y espero al próximo avión.

No hubo ni un solo objeto volador durante toda mi niñez en el que yo no viera a un gigante vestido de verde; hasta los grados de Comandante distinguía, estaba segura: era él. Mi padre me había dicho que Fidel iba en cada avión, pendiente de los problemas del pueblo y yo sabía que era cierto. Yo creo en mi padre.
Ya no me asustaba; después cada uno se convirtió en una fiesta total. Cuando aparecía alguno armaba tal alboroto, que una vez me gané un regaño leve. Solo quería que Fidel me viera desde el avión, así que daba brincos y gritaba todo lo alto que podía, una única frase: ¡Adiós, Fidel!, hasta que el cielo quedaba despejado.
Han pasado más de dos décadas. Cuando siento el ruido característico todavía tengo el impulso de decirle adiós a Fidel. Me contengo. A veces levanto los ojos y me parece verlo ahí, como en mi infancia, encaramado en un helicóptero…
Mi padre podía haber espantado el miedo de mil maneras, pero me regaló uno de los recuerdos más entrañables de mi niñez. Me gusta volver a sus hombros y desde esa altura jugar a tocar las nubes. Me gusta creer que, alguna de las tantas veces que agité mis manos, di saltos enormes y grité hasta quedarme sin voz, el Comandante vio, aunque fuera un puntico moviéndose insistentemente en la tierra; y él, un hombre sabio, seguro supo que era una niña feliz que le decía: ¡Adiós, Fidel!

De Nyliam Vázquez García