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martes, 15 de octubre de 2013

"Mi suegro millonario..." (+FOTO) Relato de una cubana

Lo veo sonreír, hacer un chiste o decirme “gorda” (claro, sin tener en cuenta su abultado abdomen) y hace apenas uno días la situación era muy diferente.

En la familia solo se hablaba de médicos, hospitales, exámenes complementarios y resultados, la ansiedad era permanente entre sus hijos, nietos, esposa y amigos queridos.
Mi suegro caminaba dos metros y sentía dolor. Mi suegro iba a bañarse y sentía dolor, hacía el mínimo gesto y acudía de inmediato a la ayuda de la nitroglicerina para aliviar algo el persistente malestar.
El suegro de Bárbara
Militar graduado de academia, actualmente jubilado y dedicado a la barbería, hombre sensible y amigo de sus amigos, de procedencia humilde y refinada cultura innata, mi suegro es ahora hombre millonario.
Por más de dos meses permaneció ingresado intermitentemente. Análisis, pruebas sofisticadas, atención directa de especialistas en medicina interna, cardiólogos, nefrólogos.
No voy a sacar cuentas. Solo rememoro cuánto cuesta una cama en un hospital por meses, con servicio de excelencia. Ambulancia equipada para urgencia médica para su traslado al Instituto de Cardiología y Cirugía Vascular en La Habana. Una coronariografía, luego la Angioplastia Coronaria Transluminal Percutánea (ACTP) y la colocación de cuatro stents liberadores de última generación, atendiendo a su padecimiento crónico de diabetes.
La nobleza y humanidad del personal médico y paramédico de la institución de salud pública, su preocupación constante, las lágrimas en los ojos de la enfermera Elsa, cuando el equipo de especialistas en el Instituto detectaron la gravedad en la obstrucción de la arteria principal, las llamadas telefónicas persistentes del doctor Ricardo y su esposa para conocer cada detalle, el seguimiento del director del hospital cada día como un sacerdocio...
Todo ello sucede en Cuba, en pleno siglo XXI.
Hoy la familia está feliz. Veo sonreír al paciente, que ya no lo es, caminar 10, 15, 20 metros del brazo de su esposa, esperar a sus hijos y nietos con una broma, o decirme “gorda” (sin tener en cuenta su abultado abdomen), y yo, casi sin querer sacar cuentas y pensar y compartir con tod@s los millones que tiene mi suegro...

Por Bárbara Vasallo

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